Monday, January 11, 2010 7:28 PM
Ana Rodriguez Gonzalo
Que bonito acercamiento al complejo mundo de lo psicótico…muchas veces me he planteado el papel del psicoterapeuta cuando tenemos que trabajar con pacientes psicóticos, en relación al cuestionamiento de la eficacia de la terapia, de la dificultad en el uso de la interpretación en estos casos, en los que los procesos de pensamiento pueden y suelen estar seriamente dañados. Pero son muchas las necesidades que se pueden trabajar, y qué mejor forma para ello que comenzar escuchando la demanda del otro. Pienso en lo duro que es experimentar la sensación de aislamiento, algo que todos en menor o mayor medida hemos sentido alguna vez, ¿pero qué ocurre cuando esto no es algo pasajero, sino que se convierte en tu seña de identidad? ¿Acaso alguno de nosotros podría vivir así sin estar inmerso en una gran angustia? Me gusta la sensibilidad con la que se aborda el caso clínico, desde el respeto más profundo hacia la persona. El texto me ha llevado a pensar sobre la etiqueta clínica, otra vez…, en esta ocasión desde un matiz, que pueda generar una grieta más, una distancia más hacia el paciente. ¿Podría ayudarle en algo al paciente saber que tiene, por ejemplo, una esquizofrenia paranoide frente a una desorganizada? Seguramente no, seguramente con independencia del diagnóstico, él o ella nos demanden la misma cosa. Creo que en definitiva se trata de tener y reconocer su propio espacio, de sentir que uno es uno mismo y de verlo reflejado así con los demás. En último término tal vez se trate de querer y ser querido siendo uno mismo, esperando la aceptación de los otros.
La siguiente pregunta, es si los demás están preparados para hacerlo, ¿es fácil convivir y entender a una persona con un trastorno psicótico? Probablemente no. ¿El aceptar al otro tal como este se reconoce a sí mismo, pasa por no juzgar, por escuchar, por apoyar, sin esperar que sea a nuestra imagen y semejanza? Probablemente sí. Aunque a veces esto conlleva mucho sufrimiento, porque suponga aceptar que hay otra persona muy vinculada a ti que no está respondiendo a tus expectativas. Llegados a este punto de buscar el respeto y la comprensión mutua, en muchos casos, seguramente ese respecto requiera de un espacio físico independiente, en el cual, las personas implicadas puedan desarrollarse y crecer de formas más autónoma. Esto lo estoy relacionando con el caso de Oscar, no parece que su madre sea una persona que le pueda llegar a dar la identidad que él espera de ella, y sin saber mucho más del caso, me atrevería a decir que es la relación que ha mantenido con ella la que de alguna manera le ha provocado la necesidad de sumergirse en su burbuja, de aislarse de lo doloroso –como muy bien el texto señala-, para seguir viviendo. Tal vez no en todos los casos sea necesario aislarse de la vivienda familiar, pero en muchos parece lo más adecuado. ¿Habría alguna forma de hacer entender esto a la familia del afectado?
Me gusta la alusión que hace el texto de Oscar, como uno de los maestros. Que importante es lo que los pacientes nos enseñan de nosotros mismos, cada reto en la clínica es una puerta abierta al desarrollo no solo profesional sino también personal. Me planteaba qué es lo que siente el terapeuta cuando observa un logro en la persona a la que está acompañando. ¿Es algo qué va directamente al narcisismo, atribuyéndolo como mérito propio? No estoy pensando tanto en que no se reconozca el importante papel del paciente en el cambio, sino más bien, en que se conciba nuestro papel en eso como absolutamente relevante o imprescindible….va un poco relacionado con la grandiosidad del terapeuta.
El caso de McCourt me ha hecho reflexionar sobre las formas de comunicación que elige el paciente. Es curioso lo que nos cuesta identificarlas cuando estas están muy alejadas de nosotros mismos –como el no verse identificado en la figura del comic-. Creo que es ahí donde tenemos que estar más despiertos, para no perdernos las oportunidades que nos brinda el paciente de conexión con él, y más sabiendo que estas tal vez no se repitan, con lo difícil que es mostrar, a veces, lo que uno lleva dentro!!. Pensando en el caso de Oscar, ¿es posible que usara la fotografía o sus cuadros para comunicarse con nosotros? ¿Podemos desde el uso de esos objetos establecer la relación terapéutica? ¿No son acaso un medio que le acerca a la imagen que desea o tiene de sí mismo? Tal vez esto entre en todo lo relacionado con el ensanche del espacio psíquico, como una forma más de flexibilidad y de entendimiento.
Son muchas las cosas interesantes a resaltar en este texto: se habla de la esperanza, del sentido que uno da a su propia vida. La esperanza es algo que tiene que estar presente siempre, creo que de lo contrario estamos muertos o nos acercamos a la muerte, puede que no estemos pensando en grandes esperanzas, puede que mi deseo sea muy pequeño, pero es algo que nos mantiene vivos, que de alguna manera da sentido a nuestras vidas. Me he acordado de un libro que me gusta mucho, “El hombre en busca de sentido” de V. Frakl. También se habla de la soledad absoluta en la que puede caer el terapeuta, es algo que hoy por hoy lo siento cercano, en ese sentido creo que es más fácil trabajar con grupos donde de alguna manera no recae en una sola persona la relación, en donde cado uno tiene un papel que jugar para el conjunto del grupo.
Avanzando en el texto, me ha llamado mucho la atención “contener y cuidar” en relación al pensamiento psicótico. ¿Todo pensamiento psicótico tiene un sentido para el paciente? ¿Cómo llegamos a él? Me parece muy interesante todo esto. ¿Utilizamos el sueño para trabajar las sensaciones, dejando un poco del lado el pensamiento? ¿Cómo trazas los puentes para acercar lo anhelado al campo de lo concreto? Me gustaría profundizar en la falla narcisista de Kohut.
Creo que tener y sentir una desfragmentación tan grande de uno mismo tiene que ser una de las cosas más difíciles de llevar, que se merece, por lo menos, el máximo respeto por parte de toda la sociedad.